Contra la tiranía del gusto

adornos

I

El buen gusto no es más que una variante del mal gusto. Las cosas de buen gusto me resultan abominables, tienen algo en sí mismas que, aunque se empeñen, no pueden ocultar y no es más que falsedad. Las personas que tienen buen gusto, ya sea para vestir, ya sea para elegir una adecuada decoración, unos complementos o un modo de vida, me resultan igualmente abominables. Tener buen gusto para todo y constantemente, no deja de ser una ordinariez.

Cuando encuentro algo de buen gusto, una persona con buen gusto, una casa decorada con buen gusto, un objeto de buen gusto, me entran unas irrefrenables -que sin embargo, no sé por qué, refreno- ganas de abofetear a esa persona o de empezar a tirarlo todo por el suelo y destrozar todas aquellas cosas de tan buen gusto en un acto -incomprendido, probablemente- de justicia poética.

Pensarán que no es más que frustración, o envidia, o simple rabia por permanecer siempre ajeno al buen gusto -que se tiene o no se tiene, no se puede adquirir-, pero no es eso, no se trata de eso, es otra cosa. Se trataría acaso, más bien, de intentar liberarse de esa estúpida y poderosísima tiranía. El buen gusto apesta. Nos hace sentir mal, siempre ajenos a él, expulsados. Y, al final, bien mirado, el buen gusto no es nada, no es más que mal gusto convenientemente disimulado.

I

El mal gusto lo invade todo. Ya ni se molesta en disfrazarse de buen gusto. Se nos muestra tal cual es: horrible, espantoso. Parece que hemos optado por lo peor, siempre y para todo, en todos los sentidos. No hay nada en que se pose la mirada que no cause vómito y desasosiego. No hay más que darse una vuelta por cualquier ciudad. Aunque estuvieran limpias, seguirían siendo espantosas, horribles. Todo, absolutamente todo, es de un mal gusto abominable. Construcciones, casas, personas… Nunca entenderé esa tendencia autodestructiva, ese estragamiento del gusto, del sentido común, esa complicación innecesaria y aniquilante. El mal gusto es ya connatural a nuestra especie. Escapar de él no resulta posible. Lo intentamos hasta que sucumbimos. Braceamos de manera patética. Nada más.

I

¿Por qué, a cada paso, tenemos que decir me gusta? Esto me gusta. Se tiene que notar que tengo buen gusto. Y esto no me gusta. Tengo criterio. Pero ¿solo tienes cosas que te gustan? ¿Es que haces solo lo que te gusta? El hecho de que te guste, o de que no te guste, ¿importa?, ¿importa a alguien? ¿Debemos suponer, por eso, que tienes buen gusto? Además, ese empeño en gustar, no resulta de muy buen gusto. Las cosas, al final, son como son.

I

Para escapar del mal gusto es necesario no tener gusto, no hay otra manera. El buen gusto lo empeora todo aún más, lo confunde. Sería preferible que no te gustara nada y no gustar. A mí no me gusta nada. Sé que no gusto. Al menos, me empeño en ello.

Anuncios

8 comentarios sobre “Contra la tiranía del gusto

  1. Pues a mi me gustas….quizás pienses que tengo mal gusto…quizás un gusto exquisito.
    Soy una ordinaria y me gusto.
    ¿El gusto no es uno de los 5 sentidos?…ya me he liado…pero ¡¡¡¡¡que gusto me dá!!!!!!

    1. Yo sí que me lío cuando me pongo a escribir.
      La mayoría de las cosas que dan gusto no son de muy buen gusto.
      Hola Qris. Cuánto tiempo.

      1. Pues si abres la boca o el papel te arriesgas a eso, aunque todo riesgo tiene su punto.
        Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s