Gnomos

gnomo

Gnomos llenos de tierra, sucios, se suben a los árboles para verlo todo mejor. Retrepados en una rama se dedican a lo que mejor saben hacer, a no hacer nada y a enredarlo todo, a hacer que todo vaya unas veces bien y otras, mal. Son ellos, con su aspecto desconcertante, edad incierta e inclinaciones rijosas, los que van moviendo los hilos de nuestros comportamientos, provocando nuestras pequeñas alegrías y, también, para su secreto regocijo, nuestros más estrepitosos fracasos.

No creemos en ellos y preferimos pensar que lo que nos ocurre, la línea que va trazando nuestra vida, es obra o producto de otras cuestiones más abstractas e irreales, como puedan serlo el destino, la suerte, Dios o nuestro esfuerzo y tenacidad. Pero nos equivocamos. Son ellos los que, desde lo alto de los árboles de los parques, de las aceras, de las cunetas o de los bosques, tiran -o sueltan, según les dé- de los hilos que hacen que nos movamos, y así vamos construyendo nuestros días, apuntalando nuestra vida, pensando -ilusos- que somos dueños de ellos y de ella.

Yo los he llegado a ver. Son simpáticos pero inescrutables, risueños pero caprichosos, insignificantes pero inquietantemente poderosos. Parece difícil de creer, pero rigen -de la misma manera que pueda hacerlo la fortuna, Dios o nuestro empeño- nuestro destino.

Por eso, cuando nos sentamos en un parque, o en el campo, a la sombra de un gran árbol, si tenemos la paciencia suficiente, terminamos por oírlos, por escuchar su incansable trajín, bien en el suelo, entre las hojas caídas o la hierba crecida, bien en lo alto, sentados en una rama, con sus cortas y repugnantes piernecitas colgando.

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10 comentarios sobre “Gnomos

      1. Es algo personal, mi miedo a los gnomos. Hay quien teme a las arañas o a las culebras. Yo le temo a los gnomos. ¿Te parece absurdo? A mí sí porque nunca he visto uno pero he escuchado leyendas. Hay una en especial que se cuenta en una playa mexicana. Dice que no debes dejar tu ropa tendida durante la noche porque vendrán los gnomos a juguetear con ella y cuando te la vistas te volverás loco. Jiji 🙂

      2. ¿Y si ya de antes estabas loco, recuperas el juicio al ponértela?

  1. Muy bonito este texto y también gracioso. Viste el muñeco en el árbol y se te ocurrió, supongo. Relaja bastante saber que son los gnomos los culpables de todos los desastres vitales.

    1. Exacto. Me lo encontré así e hice la foto. Luego en casa me encontré la foto y escribí la primera frase. Luego todo lo demás salió un poco como escritura, más o menos, automática.

      (Creo que la clave está en el “más o menos”)

      1. Pero es difícil, no te creas, esa aproximación al más o al menos. O uno se pasa o no llega. O se excede o se queda corto.
        Malditos gnomos, cómo se lo pasan con nosotros.

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