Los sentimientos que fingimos

benjamin_constant

Con una historia de lo más simple, Benjamin Constant (Lausana, 1767 – París, 1830), novelista y ensayista político, urdió su obra más conocida, Adolphe, que, con el tiempo, ha llegado a dejar de ser una novelita romántica para ser tenida como un prodigio de psicologismo y precisión a la hora de analizar y describir el proceso amoroso.

Su trasfondo autobiográfico—el atormentado amor del autor con Mme. de Staël—, aunque evidente, no es más que la excusa que da pie a la elaboración de tan singular joyita. Incluso aprovecha su diario para trasvasar a la novela párrafos enteros. Pero siempre defendió el carácter ficcional de su obra, arremetiendo contra sus contemporáneos, a los que encantaba leer la obra colocando personas reales y conocidas en el lugar de los personajes de ficción.

Pero todo esto no importa. O importa más bien poco. El caso es que acabo de leer una novelita deliciosa e inteligentísima, de una extraordinaria -y modernísima- precisión psicológica. Empecé con la natural prevención que tengo ante todas estas obras cumbres del romanticismo, pero en este caso, me he equivocado. Aún hoy se puede disfrutar de su lectura sin sentir vergüenza ajena o hilaridad, como ocurre demasiado a menudo con otras obras consagradas -cumbres- de estos años.

benjamin_constant_adolphe__la_mort_dellenore

Pobre Ellénore. El joven Adolphe desea amar a una mujer, demostrar a los demás, a sí mismo y a ella, su valía. Tras el inevitable juego de seducción, Ellénore, que terminará dejando marido e hijos, siendo vilipendiada -y apartada- por la buena sociedad a la que pertenece, perdiéndolo todo, se entrega, finalmente, al joven Adolphe.

Que, claro, al poco tiempo, lo único que pretenderá será escapar de ella, de ese amor tan asfixiante. Ya no puede quitársela de encima. Pero no puede escapar, no se atreve a romper con ella, porque el dolor que le causaría sería, para ella, se entiende, mortal.

Así que prefiere engañarse a sí mismo, fingir sus sentimientos y su amor con tanta intensidad que, incluso, acaba creyendo en ellos. Aunque ya no es amor lo que siente por Ellénore, es miedo a hacerle daño, compasión. Pero él también sufre, sufre por su libertad perdida. Pobre Adolphe. Pobre pequeño cabrón.

Pero Ellénore no es ni mucho menos una ingenua, simplemente está enamorada y cree, sobre todas las cosas, en el amor. Y se da cuenta de que Adolphe finge, que aunque quiere amar, nunca se atreverá a hacerlo de verdad. Su amor necesita ser correspondido a todas horas y con la misma intensidad.

benjamin_constant_adolphe

Estamos en los primeros años del siglo XIX –Adolphe se editó en 1816- y Benjamin Constant define y arremete contra la sociedad de su época, que sabe que va a cuestionar su obra, aunque tuvo un gran éxito. Dice en el prefacio:

…por la aprobación de una sociedad hipócrita que sustituye los principios por reglas y las emociones por convenciones, y que abomina del escándalo por inoportuno o molesto, no por inmoral, ya que esa misma sociedad acepta con toda tranquilidad el vicio cuando no va acompañado del escándalo.

Consciente del más que probable escándalo que se suscitaría, finaliza la obra con una Carta al Editor, en la que dice:

Los indiferentes tienen una extraordinaria tendencia a jugar sucio en nombre de la moral, y movidos por su celo por la virtud son capaces de causar el mayor de los perjuicios; se diría que la comprobación de que el amor existe les importuna, porque ellos son incapaces de sentirlo.

Pero vayamos, como hacemos habitualmente, para castigar al desprevenido o incauto lector, con algunos de sus párrafos.

Ya el propio Adolphe, que cuenta en primera persona los hechos que acaecen a lo largo de la novela, lo explica. Ni se esconde ni se justifica. Una vez conseguido, tras largos y complicados escarceos,  la realización de su amor, explica lo que siente de manera sucinta:

Ellénore aportaba sin lugar a dudas una extraordinaria felicidad a mi existencia, pero ya no constituía un objetivo: se había convertido en algo que me ataba.

Pronto, era inevitable, empiezan los problemas. Adolphe los describe con precisión:

Nos precipitamos el uno en brazos del otro; pero nos habíamos causado la primera herida, habíamos saltado la primera barrera. Ambos habíamos pronunciado palabras irreversibles; podíamos no hablar de ello, pero no olvidarlo. Hay cosas que tardamos mucho en decirnos, pero, una vez dichas, no cesamos ya nunca de repetirlas.

Y después, la reconciliación, o sea, una falsa reconciliación:

Así permanecimos callados sin decir una palabra de lo único que realmente nos importaba. A cambio, nos mostrábamos extraordinariamente cariñosos el uno con el otro, hablábamos de amor; pero hablábamos de amor por miedo a hacerlo de otra cosa.

Y reconoce -para sí- Adolphe algo que suena bastante grandilocuente -y más bien impostado-, pero con eso, sigue engañándose:

Es una terrible desdicha amar y no ser correspondido; pero es mil veces peor ser amado apasionadamente cuando ya no se puede seguir correspondiendo a ese amor.

Eso no se lo cree no él. Pobre Ellénore.

Con su habitual cinismo -¿o es cobardía?- continúa:

…y el carácter de nuestro miserable corazón es tan imprevisible que se ve invadido por una desgarradora tristeza cuando nos separamos de aquel ser junto a quien llevamos una existencia llena de insatisfacción.

Ya no siente amor, sino compasión por ella, procura no hacerle daño:

…tenía que evitar por todos los medios que fuera desgraciada, sobre todo por mi culpa. Conseguí ocultar mis verdaderos sentimientos; me guardé en lo más profundo de mi corazón los más mínimos indicios de descontento y empleé todos los recursos de mi ingenio para fabricarme una especie de alegría ficticia que ocultara mi profunda tristeza. El esfuerzo que esto suponía tuvo sobre mí un efecto inesperado. Somos seres tan contradictorios que acabamos por sentir de verdad los sentimientos que fingimos.

Pero la situación es cada vez más insostenible:

Así pues, nos heríamos alternativamente por medio de indirectas, inmediatamente nos desdecíamos con desmentidos vagos, con pobres justificaciones; finalmente, volvíamos a guardar silencio. Sabíamos tan bien lo que íbamos a decirnos que preferíamos callar para no oírlo.

Anuncios

3 comentarios sobre “Los sentimientos que fingimos

  1. Me ha apetecido leerla. Creo que el amor imaginado se suele romper al hacerlo realidad, pierde su encanto mágico y se llena de los inconvenientes que tiene todo lo real. Seguramente es lo que le pasó a Adolphe.
    Ella amaba mejor, de verdad, y tuvo la mala suerte de caer en las garras de un “idealista” del amor.

    1. Más o menos es lo que viene a suceder en la obrita en cuestión. Incluso en la realidad suele ser así.
      A pesar de la capa y el tufo de romanticismo que tiene la novela, es muy recomendable. No hay acción, ni personajes, ni escenarios. Apenas hacen falta.
      Aunque conozco mucha gente ya escamada con mis recomendaciones.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s