Lo que realmente

Al cabo del tiempo le dio, un buen día, por echar un vistazo a lo que había venido haciendo estos últimos años. No tardó mucho en darse cuenta de la variedad -por no llamarlo dispersión- de los temas tratados, de los diversos -y a menudo antitéticos- puntos de vista que había utilizado para referirse a ellos, de la heterogénea gama de estilos y matices que venían finalmente a convertir todo aquello -y todo junto- en un caos repetitivo, en una heteróclita propuesta que parecía, hacía ya tiempo, habérsele ido de las manos. Pero no era esto lo que más le llamó la atención.

Era todo aquello, a fin de cuentas y sin más pretensiones, un puro ejercicio de libertad. O debería serlo. Sin ataduras, sin compromisos, sin imposiciones, sin objetivos, sin necesidad de dar cuentas a nadie, apenas sin lectores, cada página respiraba a su aire, sin ningún tipo de lastre, ajena a cualquier convención, fuera del tipo que fuera. Era un puro juego, algo personal, un guiso preparado al más puro estilo Juan Palomo. No había -no hay- que dar explicaciones. La libertad, por fin, como lujo máximo.

Y sin embargo, al echar ese rápido vistazo sobre lo escrito durante aquellos años, le sobrevino de manera inesperada y natural una pregunta: “¿He escrito lo que realmente quería escribir?”.  Sin duda no era -no podía ser- esto que estaba viendo ahora. ¿Para qué, entonces, esa libertad disponible y tan poco aprovechada? Y si no era todo esto, año tras año, página tras página, lo que quería escribir realmente, ¿por qué lo había hecho? ¿Dónde quedaba lo que debería haber escrito?

Pasaba las hojas, una tras otra, sin apenas mirarlas, e iba reconstruyendo, con la coherencia que acaba por tener lo más absurdo, todos estos años. Desde luego que no era esto lo que realmente hubiera querido escribir. No era esto.

Había escrito -no le quedaba más remedio que reconocerlo- lo que había podido. Lo que buenamente había podido. Como había podido.

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2 comentarios sobre “Lo que realmente

  1. Me gusta esa idea de puro ejercicio de libertad, así deberíamos escribir siempre pero, desde el momento en que nos leen, aunque sean pocos, creo que aparecen los límites casi sin que nos demos cuenta.
    Los otros límites, los que tienen que ver con nuestra falta de habilidad para hacerlo mejor, también están ahí siempre.
    Como tú dices, hacemos lo que podemos, pero me sigue gustando, y mucho, la posibilidad de que exista un lugar, que puede ser este, en el que somos libres.
    Perdón por el rollo.

    1. …aunque sea una libertad pequeñita…
      Pero tienes razón. Esos límites siempre van a estar, de una manera u otra. Por eso me gusta jugar con ellos.
      (Tampoco hay que hacer mucho caso a lo que escribo. Ya sabes que me muevo entre la queja continua y la exageración)
      Gracias por el rollo.

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