Odio este blog

Odio este blog. Si en un tiempo fue una vía de escape, una compañía necesaria, un entretenimiento cotidiano, ahora se ha convertido en un lastre -no excesivamente pesado, pero lastre al fin-, en una ridícula obligación, en un deformante espejo ante el que me veo empujado -¿por qué?, ¿por quién?- a ponerme delante.

Le odio con todas mis fuerzas. Y ese odio es aún mayor -y crece y crece día a día- porque no hay nada más fácil y nada más al alcance de mi mano que deshacerme de él, liquidarle por completo y olvidarle para siempre, y, sin embargo, siendo tan sencillo, no lo hago, -y esto es algo, esa posibilidad tan fácilmente realizable de suprimirle para siempre, esa posibilidad que no llevo nunca a cabo, que hace que mi odio hacia él sea cada vez mayor-, y aquí le tengo, día tras día, como una sombra odiosa.

Debería estarle agradecido, incluso podría estar un poco orgulloso de él, de su fidelidad y constancia, de su insólita perseverancia, pero son esas características suyas las que me resultan más odiosas. Como si a pesar de todo ello -de todas sus posibles o aproximadas bondades, o tal vez precisamente por culpa de ellas-, fuera imposible hacer con él algo diferente y nuevo, algo, por fin, sorprendente y verdaderamente analgésico, y no esta bazofia repugnante y recalentada.

No puedo ocultarlo ya por más tiempo. Este blog me resulta cada vez más irritante. Cuando me enfrento a él, cuando lo utilizo, cuando lo leo, cuando lo escribo. Me repugna. Si fuera un objeto físico -de papel, de madera, de hierro- sé que pasaría un buen rato rompiéndolo, despedazándolo, triturándolo. Tirándolo, finalmente, a la basura en un acto -bastante infantil, sé que insuficiente- de liberación.

Como si así se terminara todo.

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4 comentarios sobre “Odio este blog

  1. Pues esperemos que la insólita perserverancia de los lectores no te resulte igual de irritante.
    A lo mejor sería suficiente con cambiar el medio….

    1. Al contrario. Esa insólita perseverancia de los lectores me resulta, pues eso, insólita. No sé cómo agradecerlo. Es uno de los escasos motivos para continuar con esto…

  2. Sé que estás exagerando y también sé que dices la verdad (exagerada).
    Yo soy de las insólitas perseverantes.
    No sé si pretendías ser gracioso pero me has hecho gracia.

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