Magia

magic

Nunca me han gustado los magos, tal vez porque exigen una atención excesiva que se ve después, necesaria, y lo que es peor, obligatoriamente burlada. Engolados y odiosamente puntillosos, mueven las manos -sus largos y sospechosos dedos- con una insoportable destreza. Siempre estoy deseando que se dejen de tantos prolegómenos, me engañen de una vez y acabe el número. Verles desaparecer del escenario es su mejor truco.

Los magos dicen abracadabra para despistar. Aunque finalmente tienen razón -y no saben hasta qué punto- en que no hay nada por aquí y tampoco hay nada por allá. Lo que luego aparece como insulsa y previsible conclusión de cada numerito, para nuestra bostezante sorpresa, forma parte del atrezzo.

Solo soporto a los malos magos, a los torpes. Tal vez porque uno se ha dado cuenta con el tiempo de que la mejor magia es la que deja ver los trucos. Nos pasa a nosotros -que no somos magos- a diario con todo lo que hacemos.

Ya sé que es un desastre. Pero no debemos olvidar nunca que los trucos -los trucos que hacemos a diario como buenamente podemos, los trucos que nos hacen, los trucos que vemos o descubrimos a cada paso- también son magia.

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2 comentarios sobre “Magia

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