Rendija

Las rendijas de debajo de las puertas son bastante expresivas. Pasa a través de ellas una línea suficiente de luz. Se oyen unos pasos al otro lado, algo así como una voz. O tal vez sean dos voces. Luego, el silencio de nuevo, hasta que esa línea de luz se apaga. La historia ha terminado.

Esa rendija de luz resume la historia entera, ciertamente poco interesante, poco misteriosa. Hay poco más. Todo aquello que nos pudiera interesar, lo que ocurre al otro lado, carece siempre de interés. Simplemente alguien da unos pasos por la habitación, alguien habla, la otra persona -siempre que hubiera otra persona- contesta, cada uno tiene, claro, su punto de vista acerca de lo que están hablando. Ya ni siquiera discuten. Deben haberse ido a dormir, a intentar dormir. Acaso antes hojeen una novela sin interés o miren la pantallita del móvil. Al cabo de un rato se escucha un rumor de alguien que habla, luego un ruido sordo de algo que se mueve o es movido, como si cayera. La luz entonces, esa luminosa rendija, se apaga.

Una luz que estaba encendida ya no lo está.

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