Manzana

isaac-newton-and-the-apple

Alguien mordió la manzana
que Newton vio caer mientras
reflexionaba sobre por qué
siempre, al desprenderse del árbol,
desciende perpendicular-
-mente hasta el suelo,
y a partir de este hecho,
nimio y hasta cotidiano,
pudo llegar a formular
la ley de la gravitación
universal y a explicarse
el funcionamiento
de la órbita de la luna,
los movimientos de los planetas
y hasta el enigmático
y constante ir y venir
de las mareas.

Ocurrió en 1666
y estaba Newton
en el jardín de su casa
a la sombra de un manzano.
Era la época de la cosecha
y las manzanas estaban
convenientemente maduras,
así que no fue extraño
que una de ellas cayera
y le permitiera plantearse
la existencia de la ley
de la gravedad.

Y a partir de ella definir
esa fuerza de carácter
universal, tan antigua
como inevitable,
de la atracción de los cuerpos.
Y de paso dibujar
elípticas las órbitas
de los planetas,
y descubrir que es la luna
quien provoca las mareas.
Formular esa inalterable ley
de la gravedad que ocasiona
el que los objetos caigan
irremediablemente al suelo.

Como esa manzana
que alguien recogió
y luego mordió con hambre
sin pensar en todas esas
complicaciones de leyes,
planetas o mareas,
mientras sentía la fresca
y dulce carne de la fruta.

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