Retrato (2)

Amaba la escenografía de los amaneceres. Le sacaba de quicio que cada cosa no estuviera en su sitio. También le sacaba de quicio que cada cosa estuviera en su sitio. Volvía siempre a las andadas, aunque cada vez con menos convicción. Le gustaba la hierba crecida desordenadamente en los solares abandonados. Tenía una memoria selectiva, pero todavía no había aprendido a seleccionar. Daba enormes rodeos buscando atajos. Utilizaba, de vez en cuando, una palabra rara. Estaba demasiado ocupado en respirar como para hacer otras cosas. Le gustaba oír llover a altas horas de la madrugada. Tropezaba con piedras distintas. Hacía planes solo por el placer que le producía comprobar cómo era incapaz de llevarlos a cabo. Todo le salía mal, afortunadamente. El prestigio del que pudiera gozar era totalmente infundado. Tenía soluciones para sus propios problemas, pero no le terminaban de convencer. Ni sus problemas, ni las soluciones. Practicaba con delectación el refinado arte de perder el tiempo. Le gustaba irse con viento fresco, largarse al quinto pino e incluso llegaba a preferir que le mandasen a la porra con tal de salir.

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2 comentarios sobre “Retrato (2)

    1. Bueno, yo también me identifico solo con algunos… Sería deprimente hacerlo con todos.
      Gracias por leer, por comentar y por identificarte parcialmente.

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