Más duro y amargo que la adversidad misma

I

Recuerdo con una angustia retrospectiva cómo me enfrentaba a los exámenes de latín, en los que un no muy extenso -pero intrincadísimo, al menos a nuestro lego parecer- texto debía ser traducido con una mínima coherencia. Aquello -con aquella sintaxis descoyuntada, donde nada estaba al lado de lo que debía estar- no había por dónde cogerlo. Y recuerdo que eran dos libros -la Guerra de las Galias, de Julio César, y la Conjuración de Catilina, de Salustio- los que más nos veíamos obligados a traducir.

De este último, recuerdo la célebre frase “Quo usque tandem abutere, Catilina, patentia nostra?” -que aún he sido capaz de transcribir sin recurrir a google, espero que esté correctamente escrita- pronunciada por Cicerón, en la que avisaba al Senado de la conjura que preparaba el tal Catilina para hacerse con el poder. ¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?, clamaba, un tanto teatralmente, el adusto Cicerón.

Que bien podría aquí variar un tanto -si supiera algo de latín-, para poner en boca de los escasísimos lectores que aún se aventuran por este bloj, algo así como ¿Hasta cuándo, malhadado autor de estas páginas, con todas estas cosas que cuentas, tan dispares y descabelladas, tan falta de interés como de oportunidad, abusarás de nuestra paciencia?

II

Pero a lo que vamos, o sea, a lo que no puede interesar.

Al cabo de los años, por puro azar o casualidad, y llevado en el fondo por una excentricidad lectora demasiado forzada y un punto estrafalariamente exhibicionista, he vuelto a toparme -y leer con agrado, gracias a una doble traducción, literal y literaria, que me permitía mirar el texto original latino de soslayo y solo con el rabillo del ojo- con Salustio. Hola, después de tanto tiempo.

Este Cayo Salustio Crispo (Gaius Sallustius Crispus) de mis adolescentes angustias escolares es tal vez el más destacado historiador latino del siglo I a. de C. Pero antes ganó las elecciones a cuestor del año 54 a. C. y fue elegido tribuno de la plebe en 52 a. C. (No me ha quedado más remedio esta vez que acudir a la wiki para enterarme de todo esto) Solo un año después, en el 51 a. C., es elegido senador, para un poco después ejercer el cargo de pretor, acompañando a César en su campaña de África, llegando a alcanzar el cargo de gobernador de la provincia de Africa Nova.

A su vuelta a Roma, enriquecido de diversas y no muy lícitas maneras -extorsión, corrupción, tráfico de influencias, malversación de fondos públicos, simple saqueo, etc…- durante sus años africanos, compra un extenso terrenito en Tívoli, donde mandó edificar un suntuoso palacio entre el Pincio y el Quirinal, lugar que sería conocido en la posteridad por su magnificencia como los Horti Sallustiani, los jardines de Salustio.

Tras el asesinato de César -y siguiendo la máxima romana de que cuando las cosas van mal, es mejor retirarse y dedicarse a la literatura y la agricultura-, Salustio se retiró de la vida pública. Entonces tiene ya tiempo y tranquilidad para dedicarse a su vieja pasión, la historia. En los ratos libres cuida y amplia sus jardines, que llegaron a ser fastuosos, gastando en ellos buena parte de la enorme fortuna que había acumulado durante sus años dedicados al ejercicio del poder y a la inevitable y productiva corrupción inherente y natural acumulación de riquezas.

Años después los jardines pasaron a manos Tiberio y conservados por los sucesivos emperadores romanos. Eran el lugar de descanso imperial hasta que fueron saqueados por los godos -esos bárbaros del norte- en el año 410. Kavafis los estaría esperando tranquilamente sentado en uno de sus bancos.

III

En su obra historiográfica -aquella que escribiría entre paseo y paseo a la larga sombra de los cipreses cercanos al Quirinal- se mostraba bastante crítico con la corrupción de las costumbres y lamentaba la pérdida de los valores antiguos del pueblo romano. Sus ideas están marcadas por un estricto moralismo, con una constante nostalgia por las virtudes antiguas –pristinae virtutes– y por una condena de la inmoralidad de las clases que gobernaban Roma. No sé si llegaba a incluirse él mismo. Aunque bien debiera. Porque, claro, una cosa es escribir y establecer doctrina y otra, gobernar. Sabía demasiado bien de lo que hablaba.

Pero a lo que vamos, si somos capaces de ir alguna vez, que ya va siendo hora.

Sus dos obras principales son la Conjuración de Catilina (De Catilinae coniuratione) y la Guerra de Yugurta (Bellum Iugurthinum), que han llegado hasta nosotros completas, y le han proporcionado justa fama como uno de los padres de la historiografía. Aunque solo conservamos fragmentos de su mayor y más importante trabajo, Historiae, una completa y perdida historia de Roma desde el 78 a. C. al 67 a. C.

IV

Les quería hablar aquí -acabáramos- de la Guerra de Yugurta (Bellum Iugurthinum), que llegó a mí a unas alturas de mi vida, éstas, en las que puedo acercarme a los clásicos latinos sin sentir ya esa angustia, ni siquiera retrospectivamente, y leerlos con cierto sosiego.

En esta obra relata lo acaecido durante una guerra relativamente reciente, algo que le sirve para denunciar los males que iban a llevar a la República hacía un deterioro inevitable y una pérdida definitiva de esos valores antiguos que la fundaron y la hicieron grande.

Yugurta fue el tercer rey de Numidia, en el norte de África, y durante varios años, bien como aliado unas veces y enemigo otras, puso en evidencia el poder y la seguridad no solo de la República, sino de su sistema político y militar. Fue su reino y esta guerra, salvando las distancias, una especie de Vietnam para los romanos. Al principio, con sus artimañas y añagazas, sobornos y asesinatos, consiguió desestabilizar una fácilmente corruptible estructura política republicana, haciendo que la mayoría de los ciudadanos perdiera la paciencia con sus líderes. Y más tarde, frontal y militarmente enfrentado a las legiones, fue todo un quebradero de cabeza para Roma, que solo consiguió derrotarle finalmente gracias a la traición de un rey aliado de un reino colindante.

Salustio subraya a cada paso la maldad y falta de escrúpulos de Yugurta, pero esto era algo, por decirlo de alguna manera, consustancial a su papel. Sin embargo, no tiene empacho en describir las corruptelas y luchas por el poder que estaban empezando a desangrar las instituciones republicanas. Y esto era algo que no debía ser consustancial a tan noble pueblo.

Narra cómo los dirigentes romanos -dejándose comprar sin disimulo alguno por ingentes cantidades de oro- permitieron los desmanes de Yugurta en las provincias norteafricanas.

Después de la traición del rey Boco, Yugurta es apresado en el año 106 a.de C. Cargado de cadenas, fue exhibido como trofeo en un grandioso desfile triunfal, después, horriblemente torturado, y finalmente ejecutado.

Años después, los dos dirigentes romanos -Mario y Sila- artífices de la captura de Yugurta, se enfrentaron entre ellos en una guerra civil. Tiempo después, una segunda guerra civil terminó imponiendo la dictadura de Julio César. La vieja y prístina democracia romana tocaba a su fin. Salustio salía un rato a pasear por sus jardines.

V

Yugurta no podría derrotar al ejército romano, pero durante años fue como un molesto ratón que conseguía, después de haber causado numerosos destrozos, escaparse. Esto dolía especialmente a los romanos que empezaban a darse cuenta de los fallos de su sistema político. Habían dejado de ser todopoderosos. Aunque ganaran.

…porque una derrota costaba a los enemigos derrotados menos bajas que a ellos les costaba la victoria… así pues, decidió que la guerra debía ser hecha no con combates ni en batalla regular, sino de otra manera.

La guerra solo deja desolación.

Finalmente, los enemigos fueron derrotados por todas partes. Entonces, un horrible espectáculo se ofrecía a la vista en aquellas extensas llanuras: unos perseguían, otros huían; unos eran degollados, otros caían prisioneros; caballos y hombres derribados por el suelo; numerosos heridos que no podían huir ni soportar la inmovilidad, haciendo esfuerzos por levantarse y volviendo a caer de nuevo; en una palabra, todo el terreno hasta donde alcanzaba la vista se hallaba cubierto de armas y de cadáveres, y los claros de tierra que quedaban estaban todos manchados de sangre.

Las cosas estaban cambiando. Estos guerreros del norte de África, como ocurriría años después con los bárbaros del norte de Europa:

…aunque ignoraban lo que hacían y cuál era el motivo de su actuación, sentían verdadero placer por el desorden y por las novedades.

Llega, lenta, imperceptible, pero inevitable, la decadencia, paradójico y natural producto de la prosperidad.

En efecto, antes de la destrucción de Cartago, pueblo y Senado gobernaban en Roma la República con calma y sin violencias entre sí, y no existían ni rivalidad por los honores ni luchas por  el poder entre los ciudadanos: el temor que inspiraba el enemigo los mantenía sometidos al cumplimiento de sus deberes. Mas, después que este temor desapareció de sus espíritus, ocuparon su lugar la licencia y la soberbia, males que trae naturalmente consigo la prosperidad. De esta suerte, el descanso por el que habían suspirado en la adversidad fue, después de alcanzado, más duro y amargo que la adversidad misma.

Iugurtha
Anuncios

2 comentarios sobre “Más duro y amargo que la adversidad misma

  1. Yo no puedo decir “hasta cuando” sin que me salga a continuación “Catilina vas a abusar de nuestra paciencia” y creo que es lo único que aprendí de latín.
    La máxima romana de dedicarse a las plantas y a la literatura cuando las cosas se tuercen es muy sabia.
    Y por cierto que leyendo a los clásicos- yo no los frecuento mucho, la verdad- uno se da cuenta de lo poco que hemos evolucionado los seres humanos.

    1. ¿Cómo que hemos evolucionado poco? Creo que vamos para atrás. Que, más bien, nos hemos perdido siguiendo el camino del progreso, de la abundancia y del confort. Pero no quiero parecerme al Toni.
      Pueden ser los clásicos una lectura ardua, pero también -no sabría cómo explicarlo- me resultan disfrutables. Aunque traerlos aquí tiene algo de pedantería y detestable alarde cultural. Pero, en fin, procuro no aburrir.
      Ni siquiera sé cómo se dice gracias en latín.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s