El deshielo

Ha llegado el deshielo y todo se viene abajo, todo se desmorona y derrumba con un ruido sordo y suave. La calma de las grandes extensiones blancas, su armónica quietud, se ve alterada por unos movimientos lentos, casi imperceptibles, que la terminan por quebrar. Los témpanos pierden su muda consistencia y a los carámbanos ya no les queda fuerza para sostenerse. Se agrietan las lisas capas de hielo de los lagos y la nieve se desploma de sus bordes, lenta pero imparablemente, hasta desaparecer. Todo se convierte en agua, en gotas que penden de las oscuras puntas de las ramas hasta caer, en arroyos que se empecinan en golpearse contra las lustrosas piedras de los cauces. Empiezan a verse cada vez mayores rodales de tierra descarnada. La nieve se encoge sintiéndose culpable. Hasta desaparecer.

Dentro de unos días ya no quedará ni un solo nevero. Y se habrá perdido aquella calma blanca e interminable de las extensiones heladas, aquel aullar de la nevisca, más melancólico que salvaje, aquella silenciosa armonía del hielo sobre los lagos, aquella respiración exhausta de los árboles bajo los cielos grises, aquella prístina blancura que protegía los horizontes y las quebradas líneas de las montañas. El deshielo ha culminado su trabajo destrozando toda esa armónica quietud.

Y lo ha hecho como si fuera a durar para siempre.

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2 comentarios sobre “El deshielo

    1. Y eso que hoy hace un día espléndido y la primavera amenaza con desbaratarlo definitivamente todo.
      Gracias. (Pasa tan poca gente por aquí que lo agradezco especialmente).

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