Hortelana

I
Volteaba con la pala del azadón los terrones oscuros entre los que se retorcían pequeños gusanos seccionados por la mitad. Se incorporó a descansar y sonaron las campanas de la iglesia. Eran las doce del mediodía y sonaban anunciando el ángelus. En una cadencia de siglos.

II
Un surco es un verso. (Etimológicamente, versus, aunque tenía varios sentidos, significa surco que da la vuelta y, por extensión, también hilera, fila o verso. Al final de cada surco hay que girar, dar la vuelta, volver, como ocurre en el poema después de cada verso, a otro verso, a otro surco) Y si un surco es un verso, una huerta es un poema.

III
En este caso, nadie le llevó al huerto, se fue él solo.
Por llevar la contraria, entre lechuga y lechuga, plantaba una col.
Una vez plantó toda la huerta de berenjenas y ya no supo salir de allí.
Los pimientos le importaban.
Aunque no es de extrañar. La parte del rábano que más le gustaba eran las hojas.

IV
En los mercados la verdura y las hortalizas se resignan y añoran, tristes, la huerta. Pero al menos se han salvado del destino atroz de los supermercados, horriblemente plastificadas en bandejas hasta su asfixia.

V
La huerta, un día, quedará al fin abandonada, algo más confusa, pero felizmente invadida por las malas hierbas.

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2 comentarios sobre “Hortelana

    1. La etimología de las palabras a veces te explica más de ellas que el propio significado de las mismas.
      Gracias (del latín gratia, que deriva de gratus (agradable, agradecido)).

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