Retrato (4)

Utilizaba su propio nombre como seudónimo. Tropezar era su mejor manera de avanzar. Cuando se miraba al espejo le costaba reconocerse. Oía el silencio. Ardía en deseos a fuego lento. Se distraía con el vuelo de una mosca. De hecho, era una de las cosas que más le distraían. Añoraba el olor de las gomas de borrar. Daba paseos a media mañana, cuando todo el mundo estaba trabajando. Despedazaba los abrefácil con los dientes. Buscaba una salida y se fabricaba laberintos. Procuraba que sus meditaciones no fueran demasiado trascendentales. Se autoengañaba sin mucha convicción. Tenía pecados muy poco originales. Se dedicó toda su vida a enfriar clavos ardiendo. Estaba convencido de que el día después del fin del mundo saldría el sol como si nada hubiera pasado.

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