Flores ahora

No se zancadillean porque no van a ningún lado, aunque se agolpan ahora en busca de la luz del sol y parecen empujarse. Han de sentirse -como por obligación- pletóricas para que un insecto imbécil se fije y, precedido por su insoportable zumbido, llegue a posarse unos segundos sobre ellas. Liban cuanto les apetece y salen enseguida manchados de su polen hacia otra pradera cubierta de nuevas y más frescas flores. Quedan entonces las primeras a merced del viento, aún frío y traicionero, esperando que antes de la caída de la tarde algún otro rezagado insecto llegue de nuevo con su torpe zumbido. Pocos días después, tan pronto, se empezarán a ajar. Pero ahora disfrutan de unas largas horas de sol, todas juntas entre la hierba, sin sentirse -aunque les sobren los motivos- nunca miserables.

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