Meditación (3)

-¿En qué nos afanamos? Vamos, venimos, hacemos, deshacemos, esperamos… Las inquietudes de los hombres son múltiples y, sin embargo, son siempre las mismas, no más de tres o cuatro. Pero cambian y giran, y van y vienen, o no llegan nunca o finalmente se deshacen. Las inquietudes de los hombres, sus afanes. Corremos para poder entrar antes de que se cierre la puerta. Corremos todavía, aunque vemos que la puerta está a punto de cerrarse, que ya se ha cerrado. Nos quedamos parados delante de ella. Y todas esas inquietudes, todos esos anhelos, padecen sin remedio algunas patologías recurrentes, siempre, otra vez, las mismas. Rodeos y nudos. Rodeos para no afrontar, o aplazar, lo que nos va a hacer daño, o incluso rodeos para no afrontar, o esquivar, lo que verdaderamente anhelamos. Rodeos para alejarse de los problemas, esto es, de la vida misma, o rodeos para escapar de alguna manera. Como si esto sirviera de algo. Y luego están los nudos. En el estómago y en la cabeza. No conocemos otra manera de relacionarnos que la de anudarnos. Todo, al final, acaba hecho un nudo, un nudo de sentido -o de sin sentido-, un callejón sin salida, un espejo frente a otro espejo. A un lado, lo que se piensa -o lo que se siente-, y a otro, lo que creemos que piensa -o siente- el otro. Pero a su vez, el reflejo de ese espejo, a un lado, nos muestra lo que uno piensa -o siente- que piensa -o siente- el otro, y al otro lado, un nuevo reflejo nos muestra lo que el otro piensa -o siente- realmente: que el otro piensa -o siente- algo diferente a lo que sé -o siento- realmente. Llegamos entonces a pensamientos y sentimientos muy cercanos a la aberración, a la desesperación, a la incomunicación, a la soledad, detenidos antes continuas encrucijadas -pensaba mientras se cerraba la puerta del vagón y, ya dentro, arrancaba con cansancio hasta coger velocidad ya en la oscuridad del túnel con un traqueteo vigoroso y convulso, como si se fuera a desarmar por completo. Pero no lo haría, no lo haría.

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2 comentarios sobre “Meditación (3)

  1. Me voy a repetir: me ha gustado mucho.
    Cuando algo es bueno piensas que lo que estás leyendo te refleja o que ya lo habías pensado sin darte cuenta.

    1. Gracias. Muchas gracias.
      Sí, ocurre a veces. Casi siempre tiene más culpa de que pase lo que dices el que lee que el que lo ha escrito.
      Pero está bien. Mola.

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