Calendario variable

Los calendarios, como los relojes, engañan. Hay días que duran lo que un año entero y años, que vistos desde la distancia, duraron apenas unos días. También hay días que tienen demasiadas horas, o días a los que les falta alguna, acaso la más importante, y hay horas a las que les sobran algunos minutos, cuando no, todos. Los minutos, con cierta alevosía, dejan pasar el número exacto de segundos, ni uno más, ni uno menos, pero los segundos no tienen suficiente con un minuto y, enseguida, fabrican otro. Porque hay segundos que duran lo que dura la eternidad y eternidades que se esfuman en una décima de segundo. Luego están los viernes que amanecen lunes y los lunes que duran toda la semana, y los domingos por la tarde y los otros días. Sin contar con los ratos y los momentos y los tiempos -muertos, felices o de espera- y la vida entera. Aunque también hay años que duraron lo que dura exactamente un año, meses que contemplaron completas las fases de la luna, días que pasaron alternando diversas y extrañas duraciones, llevándose la pena y la gloria, minutos arqueados sobre la distancia curva entre las dos manecillas, y segundos que cumplieron, finalmente, su cometido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s