Conversación circunstancial

-El que dijo aquello de que yo soy yo y mis circunstancias no dijo más que una perogrullada. Pero ahí ha quedado la frase para los restos, como si fuera una profunda máxima filosófica. ¿Quieres otra cerveza? Claro que somos nuestras circunstancias, que son ellas quienes nos construyen, que son ellas quienes nos impulsan o quienes nos doblegan, quienes nos ayudan a avanzar o nos limitan dolorosamente. Esto es de cajón. Y también es evidente que suelen ser más habituales las que nos limitan y nos doblegan. Pero no todas las circunstancias son iguales. Hay circunstancias que nos vienen impuestas y otras que elegimos. No hay quien se coma estas patatas. Están saladísimas. Y chorrean pringue. Es curioso, la vida nos va asignando unas circunstancias que nos vienen sobrevenidas, no hay elección posible ni posibilidad de liberarse de ellas, pero por si fueran pocas, o acaso con la ingenua intención de escapar de aquellas, uno va escogiendo otras nuevas circunstancias, que elegimos nosotros solitos, consciente o, más bien, inconscientemente. ¿Qué hora es? Aún tenemos algo de tiempo. Pero al final, las circunstancias que uno ha elegido y las que nos han venido impuestas, al final, digo, acaban confundiéndose. ¿No tomas nada más? Y se confunden de tal manera que uno no sabe si las que ha elegido libremente son las que le han venido impuestas, o si las que le han venido impuestas son las que uno ha elegido verdadera y definitivamente. O por lo menos, estas últimas son las que terminamos por aceptar mejor. O no. No sé. Depende de las circunstancias -da igual que sean impuestas o elegidas- de cada uno y depende de cada uno. Aunque, lo que está claro, es que no tenemos escapatoria. Las circunstancias nos persiguen. Nos tienen acorralados. Yo apenas soy yo, soy más bien mis circunstancias. A menudo tengo la sensación de que solo soy mis circunstancias. Un ser puramente circunstancial. Un ser invadido por las circunstancias, casi un no-ser. No sé si podría -si sería capaz de, si me atrevería a- vivir sin ellas.

-Cada vez te explicas peor, más confusamente. Y sobre todo, todo esto que me cuentas suena a justificación. Y no sé muy bien por qué hay que justificarse. No sé por qué te estás siempre justificando. Anda, llama al camarero y paga. Que nos vamos. Al final se nos va a hacer tarde. Y deja de comer ya esas patatas.

Anuncios

4 comentarios sobre “Conversación circunstancial

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s