Mapas para escapar

Escapar no es lo mismo que huir,
aunque al final de cada escapada
te veas obligado a huir de nuevo.
Porque no se trata de distancias,
sino de iluminaciones.
Ya sabes que no puedes
engañar a tu sombra, a no ser
que te despeñes en lo más oscuro.
Pero nunca amanece a traición,
simplemente la brecha de los días
se abre. Y después se cierra.
Todo es demasiado blanco en los hospitales
y el tiempo huye en cada vía abierta,
aunque prefiere creer que se escapa
hacia los campos que hay en las afueras
donde los caballos pastan arrastrando
con lentitud todo el peso del mundo.
Nunca volveremos a vernos
y los mapas del dolor utilizarán
la misma cartografía que los de la ausencia.
Te doy la mano y siento tu pulso,
o tal vez sea el mío. Cuando la sueltas
ya no estoy en ningún sitio.

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4 comentarios sobre “Mapas para escapar

    1. La escritura, a veces, amortigua la tristeza. Otras, la exagera.
      Al escribir parece que la ahuyentas. O te engolfas en ella. No sé.
      Gracias. Me gusta que te haya gustado leerlo.
      Son un poco caóticos y desordenados…

      1. Las dos cosas pueden pasar al escribirla, es verdad.
        Pues sí, me están gustando mucho tus retales, te va a quedar una colcha estupenda.
        Ya me callo.

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