Ríos

Siempre he pensado que los ríos
hubieran preferido no llegar nunca al mar.
El caudal en el cauce en el que se miran
los árboles de la orilla avanza impetuoso
pero sin ninguna intención o propósito.
Un poco como nosotros, que fuimos felices
pero no nos dimos cuenta.
Ahora vivimos con angustia dentro de un laberinto
del que nos da miedo salir, a pesar de que Ariadna
ha dejado hilos por todos los pasadizos.
La infancia no queda tan lejos.
Aún tengo la aguja convenientemente
escondida en un pajar, pero cuando me dijeron
que pidiera un deseo, me quedé en blanco.
Los caminos en el campo, de noche,
no los transita nadie, pero la luna,
por si acaso, los ilumina igual.
Atravieso con dificultad un arroyo crecido,
siento que su corriente me empuja,
hasta que ya estoy en la otra orilla.
Todo es extraño y pasajero y sigue su curso.
Dios es más misericordioso que justo.

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