Es hora de salir de la cama

Es hora de salir de la cama. Aunque es muy temprano, ya hace un buen rato que ha amanecido. La noche ha sido excesivamente calurosa. Apenas un tímido apunte de frescor entra ahora por la ventana abierta. La ropa es escasa. Pero hay que volver a hacer la cama. La primera energía del día es la utilizada para sacudir las sábanas, como si fuera necesario -y primordial- alejar los restos de la noche y del sueño, airearlo todo para empezar de nuevo. Y queda como imagen inicial entre la tenue luz de la amanecida, a la manera de una ofrenda ante un dios inexistente, el gesto suspendido de, una vez convenientemente sacudida, volver a tender, dejándola caer con cuidado desde lo alto, como si extendiéramos con cuidado una red, la sábana sobre la cama. En su ondulación, no sé si escapan, o quedan atrapados, los sueños, si huyen por la ventana o vuelven, de nuevo, a caer en el lecho, esperándonos, agazapados, hasta la noche siguiente.

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