Novedades discográficas (16)

Colter Wall. Colter Wall. Young Mary’s Record Co. 2017

Por cuestiones que no vienen al caso, me vi durmiendo en la nieve. No tenía lugar para ir. Estaba durmiendo en la nieve hasta que llegaron un par de policías y me despertaron de mala manera. Me sujetaron por detrás los brazos y oí, otra vez, el viejo sonido del clic tan familiar. Uno de ellos me dijo: “Apuesto lo que quieras a que no tienes ni una maldita cosa a tu nombre”. Ni siquiera sonreí. Deberían haberme dejado en la nieve. Ni siquiera les dije que tenía mi vida, mi libertad, mi sombrero, una botella de vez en cuando y trece dólares de plata que escondí hace tiempo en algún sitio. Ah, y que sabía cantar Blue Yodel Number Nine.

Fue un niño de ojos azules que nació bajo el inmenso cielo de la inmensa pradera, allá por las tierras del norte, en Saskatchewan. Y muy joven, con su guitarra, su sombrero y una navaja, subió en uno de esos trenes de mercancías que atraviesan los campos de ganado a la velocidad suficiente como para poder subirse en marcha, en uno de esos trenes de mercancías where the souls of ramblers go.

Colter Wall, tal vez para negar de alguna manera que apenas tiene 21 años, viste de negro y prefiere ocultar su rostro bajo el ala de su sombrero y una incipiente barba. Luego, su voz grave retumba y sus canciones crecen hasta adquirir una edad de siglos.

Si hace un par de años descubríamos otro joven músico, Barna Howard, más dulce y melancólico, Colter Wall parece su reverso más oscuro y rasposo. Es difícil creer que esa voz y esas canciones son de alguien tan joven.

Tal vez tenga algo de culpa -además de su voz y su talento- la autenticidad de sus referencias, que van más allá de la fácil comparación con Johnny Cash o un primerizo Bob Dylan. Están presentes los ecos de Woody Guthrie o de Ramblin’ Jack Elliot, pero sobre todos ellos, el clasicismo, la seriedad y la emoción de Townes Van Zandt.

Pero todo esto no son más que divagaciones de falso erudito que intenta desentrañar el enigma de este joven oscuro y grave. Como si las canciones y las historias debieran ser desentrañadas.

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