Nota a pie de página y cita

Amo las notas a pie de página y, aunque a la mayoría les pueda parecer esta declaración como la confesión -y el reconocimiento- de una de las más extrañas y desviadas parafilias posibles, registradas o no, agradezco a los eruditos que llenen sus ediciones de los clásicos con centenares de ellas, la mayoría innecesarias y redundantes, llenas de abreviaturas y referencias a otras obras igual de ignotas, en las que tan agradablemente me entretengo, interrumpiéndome, eso sí, la tan escasamente plácida lectura.

También algunos otros estrafalarios autores de ficción recurren a ellas de manera inmoderada, como si no les fuera suficiente la página o necesitaran explicar, con más detalle o enrevesamiento, aquello que estaban, en lineal transición de lo narrado hacia la historia narrada, pretendiendo poner en pie, historia, personajes o lo que fuera.

Incluso hay poetas como éste, alto metafísico y lunático ejemplar, que necesitan de las notas a pie de página para acompañar o completar de sentido sus poemas extraordinariamente filosóficos, como en el caso de este Poema al astro de la luz memorial, que podría pasar como uno de los más bellos, inteligentes y clarificadores -aunque la luz proceda del otro astro mayor- poemas dedicados a la luna.

Bueno, y esto es lo me interesa aquí y ahora, y no lo que he escrito en los párrafos anteriores, el caso es que aprovecha la nota final a pie de página del poema para darnos -o dar, sin más- esta recomendación, que no ha dejado de perder vigencia, y más ahora, que los tiempos vienen como vienen, más sabia y necesaria de lo que en un atolondrado principio pudiera parecer:

…recomiéndese también una Psiquiatría Constructiva que procure a cada uno el grado y tipo de locura que ayude a vivir ilusionado; un 10 por ciento de demencialidad, euforia y analgesia por mitades, que nos deshorrorice algo el vivir, que nos desperfile la fiereza del encaramiento que nos pone la Vida; en lugar de perder el tiempo en inútiles clasificaciones forzadas y que ya nada curan de la perfecta salud mental, lucidez que es una condena, súplannos una dosificación útil de demencia.

Macedonio Fernández. Poema al astro de la luz memorial. 1942

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Plantita

Pie de foto: Diminuta planta de limonero crecida espontáneamente entre el seto de cipreses que le privan de la luz, de ahí su incierto futuro, a unos dos metros de un gran limonero y un gran pomelo que hay en el patio y que nos sirven de techo vegetal -cuajado ya de verdes limones y verdes pomelos, gordos y redondos como planetas los pomelos, más livianos y pequeños los limones, a la manera de satélites de aquellos- bajo el que nos guarecemos estos días de calor a eso de la una a tomar unas cervezas y unos vinos, mientras, muy de vez en cuando, en alguno de esos inevitables y brevísimos lapsus melancólicos, nos detenemos a mirar esa diminuta planta de limonero que se mantiene verde y lustrosa, con ganas de tirar para adelante, pero, para qué nos vamos a engañar, de futuro incierto e improbable.

Él acaba por convencerse de que su sentimentalidad, aptitud de simpatía, que viene desde tiempo luchando por recuperar, está agotada, y en los sufrimientos de este descubrimiento cavila y halla por fin que quizá el cuidado de una plantita endeble, de una mínima vida, de lo más necesitado de cariño, debiera ser el comienzo de la reeducación de su sentimentalidad.

Macedonio Fernández. Tantalia. 1930