Primer día

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De manera prodigiosa, como cada día, la aurora, con sus rosados dedos, lo inunda todo de una claridad nueva. Es la nueva mañana del nuevo día del año nuevo. Y, sin embargo, mientras caminamos entre la hierba crecida y empapada por las frías y brillantes gotas de rocío, con un pequeño cargamento de ilusión y optimismo a cuestas, todo, a cada paso, el sol ya en lo alto, nos resulta demasiado conocido, inquietantemente familiar.

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Feliz año ¿nuevo?

cuaderno

El año nuevo, al cabo de unas horas, es ya viejo.

Dura nuevo lo que duraba nuevo el cuaderno escolar cuando era iniciado con especial esmero, un especial esmero que apenas duraba la primera hoja -el primer párrafo, más bien-, escrita con una cuidadosa caligrafía y una inusual limpieza que, al cabo de esa primera hoja, de ese primer párrafo, volvía, tan pronto, a las andadas, porque enseguida había dejado de interesar el nuevo cuaderno, y la escritura se torcía -y se ensuciaba- por las prisas de querer terminar cuanto antes y escapar -adonde fuera, lejos- de esa novedad tan efímera.

El año nuevo dura nuevo lo que ese cuaderno. Estoy terminando de escribir ese primer párrafo tan primoroso, y cuando me quiera dar cuenta -apenas felicite el año nuevo- ya estaré volviendo -otra vez, por fin- a las andadas.

Así que, feliz año nuevo antes de que deje de serlo.

1 ene

hojas

El calendario se empeña en empezar de nuevo. Con una insistencia mecánica.

(Entre la pereza y el miedo, entre el vértigo y la esperanza, entre la desidia y la catástrofe, entre la inercia y la inconsciencia, nos asomamos a todo lo que vendrá después.

Y esperamos sobrevivir a la pereza y al miedo, al vértigo y a la catástrofe, a la desidia y a la inconsciencia.

Esperamos sobrevivir incluso a la esperanza)

Que el año sea próspero en supervivencias.