La conveniente dispersión de las callejas

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Cuando sales del pueblo no te encuentras con el campo directamente. Accedes a él por diversas callejas, convenientemente distribuidas en todas las direcciones posibles. Se ramifican hacia el sur más llano, hacia el este más intrincado, hacia el oeste sorteando los arroyos o hacia el norte más agreste y montañoso. Es el sistema circulatorio de los campos y de las sierras. Todo está -o estaba- debidamente comunicado.

Aunque hace años, por el abandono, cegadas por la maleza o, sobre todo, usurpadas por los dueños de las fincas colindantes, muchas de estas callejas se han visto cerradas, desaparecidas, destruidas, dejando al caminante sin referencias y sin accesos. Pero algunas todavía perviven, aunque tan solo sea fragmentariamente. Son como los hilos, todavía resistentes, de un viejo tapiz roto.

Acaba de amanecer y el sol me deslumbra. Camino por las callejas, entre las paredes de piedra, con la sensación de no hacerlo solo.

Los caminos

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Andas entre la hierba crecida. Luego vuelves por el mismo sitio y vuelves, una vez más, a ir justo por donde fuiste y por donde has regresado. Es, acaso, el camino más recto, o el más cómodo, o simplemente te resulta más fácil volver, o volver a ir, por donde fuiste, por donde la hierba ya está aplastada.

Entonces, pisada a pisada, vas haciendo un camino. Ya no hay que aventurarse y tantear, ahora es más sencillo, ahora no tienes que pensar por dónde ir, es más fácil transitar el camino ya abierto. Es por aquí.

Ya no nos acordamos de que lo hicimos pisada a pisada, tal vez sin ninguna intención de hacerlo, pero al andar -al ir y al venir-, fueron conformando nuestros pasos el camino que ahora recorremos -cada vez que vamos, cada vez que volvemos- con mayor seguridad.

Ahora caminamos por caminos. Pero antes, al principio, no era así.

Alguien dijo alguna vez que, cuando andamos libres campo a través, debemos evitar siempre los caminos. Una vez que seguimos uno, es muy difícil volver al campo abierto.

Un camino lleno de baches

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Un camino lleno de baches es mucho más entretenido, sobre todo si no lleva a ninguna parte. A veces lo utilizo como atajo, aunque tardo mucho más en llegar. Es imposible ir deprisa, correr. Y se hacen, al final, muchos más kilómetros.

Pero aquí, todo se acompasa, aún a nuestro pesar.

La tarde cae. O tal vez sea el amanecer. Lo hace tan despacio que parece que caminara por una carretera llena de baches que no lleva a ninguna parte.

Como canta Bob Dylan, el tiempo pasa lentamente cuando estás perdido en un sueño. Pasa lentamente y después se desvanece.