Flores ahora

No se zancadillean porque no van a ningún lado, aunque se agolpan ahora en busca de la luz del sol y parecen empujarse. Han de sentirse -como por obligación- pletóricas para que un insecto imbécil se fije y, precedido por su insoportable zumbido, llegue a posarse unos segundos sobre ellas. Liban cuanto les apetece y salen enseguida manchados de su polen hacia otra pradera cubierta de nuevas y más frescas flores. Quedan entonces las primeras a merced del viento, aún frío y traicionero, esperando que antes de la caída de la tarde algún otro rezagado insecto llegue de nuevo con su torpe zumbido. Pocos días después, tan pronto, se empezarán a ajar. Pero ahora disfrutan de unas largas horas de sol, todas juntas entre la hierba, sin sentirse -aunque les sobren los motivos- nunca miserables.

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Flores amarillas

flores-amarillas

Las flores que se equivocan de estación
tienen una vida más corta.
Un sol inusual y unas bocanadas de calor las incitan
a una inesperada y efímera existencia.
Viven confundidas en los primeros días del invierno
como si fuera una anticipada -o tardía- primavera.
Algunas abejas aparecen al ver las flores equivocadas
y también deciden que es un buen momento,
aunque sean los primeros días del invierno,
para que sea otra vez -de nuevo- primavera.
El sol acaricia la pradera llenas de flores amarillas y de abejas.
El mundo debe estar equivocado.
Vendrá pronto, cualquier noche de estas,
la primera helada asesina a poner las cosas en su sitio.
Y estará bien.
Las flores que se equivocan de estación
saben que su vida será mucho más corta
y que no tendrán tiempo de ajarse.

Malva, azulón, morado, lila, añil

flores_campo

Tal vez por eso tengan estas plantas esa altura, la altura de los niños. Así, entonces, podíamos acceder sin problemas, tan cómodamente, sin tener siquiera que agacharnos, a sus flores malvas.

Era ahora por primavera cuando las empezábamos a reconocer, como si, de un día para otro, entre el resto de las otras flores y de la hierba crecida, hubieran venido de un largo viaje -el largo viaje del invierno- a visitarnos de nuevo.

Las distinguíamos porque eran para nosotros -casi- comestibles. Una vez separada la flor con cuidado, se podía succionar en su base. Probábamos varias hasta que nos aburríamos de ellas. Eran dulces y gratis.

Ahora ni siquiera me he atrevido a probarlas de nuevo.

Flor, flores

Silene colorata 1

No solo vivimos tiempos extraños, sino que el tiempo está raro.

El invierno está siendo inusualmente cálido y todo en el campo no sabe muy bien a qué atenerse. Las flores -y algunos frutales- han decidido florecer antes de tiempo. De hecho, algunas de ellas no han dejado de hacerlo, como si vivieran en una primavera constante. Todavía no han tenido que soportar -o sucumbir ante- ninguna helada.

Las flores silvestres no se dan ninguna importancia. Se diseminan entre la hierba o se protegen al abrigo de alguna pared de piedra. Ésta que -un poco absurda y displicentemente- he fotografiado es especialmente liviana y de color malva, aunque a veces opta por un rosa pálido.

Tras un rato largo de búsqueda en internet, logré identificarla. Se trata de una Silene Colorata y dicen los expertos que es una herbácea que adorna los prados y encinares desde que comienza la primavera. La llevo viendo todo el invierno.

Silene colorata 2

Pero estamos en pleno invierno, y a pesar de ser éste tan cálido y de no haber helado, hay días, hay ratos, en los que el frío vuelve, y la flor, de pétalos tan leves, parece que se encoge y los abarquilla. Ella pensaba que estaba en primavera y ese frío, tan lógico como imprevisto, la hace encogerse. Y le ocurre como a nosotros, que cuando nos encogemos cerramos los puños, como si tuviéramos pensado liarnos a puñetazos. Pero solo es movimiento reflejo, sin otra intención que la de protegernos.

Pero basta un lametazo de sol -un poco de calor- y le ocurre otra vez como a nosotros; entonces se despereza, desenrolla sus pétalos y luce más confiada, agradecida.

Silene colorata 3

A la botánica por el aburrimiento

Bryonia dioica

El aburrimiento acaba derivando en extraños y secretamente intrépidos comportamientos. Tal vez por eso lo considero algo propio de los espíritus más elevados. Aunque yo acabé tirado por los suelos y haciendo fotos a unas pequeñas florecillas de una planta que surgía de las grietas de un risco. El aburrimiento, en fin…

Luego, en casa, compruebo que la mayoría de las fotos, cuando no están temblorosamente desenfocadas, son una mierda, técnicamente horribles y absolutamente irrelevantes. A veces, para no deprimirle del todo, salvo alguna.

Pero el aburrimiento no termina provocando, sólo, extraños comportamientos, sino que los concatena unos con otros de manera absurda. Miro la foto -con todo mi espíritu (aburrido y) elevado- y me doy cuenta de que no sé cómo se llama la planta en cuestión. Ni siquiera aproximadamente.

El siguiente comportamiento extraño es el de escribir en el buscador de imágenes de google enredadera silvestre, porque era eso lo que me pareció. Y como el aburrimiento camina de la mano del tiempo interminable, empecé a mirar imágenes de enredaderas y de flores -cientos y cientos- hasta hartarme de comprobar que no había ninguna que se le pareciera.

Al cabo de un rato, volví a intentarlo y di, por casualidad, con la imagen de una flor similar. Por fin.

Era -es- una enredadera silvestre, más conocida como enredadera silvestre. Bryonia dioica es su nombre botánico. Ahora me encontraba más tranquilo. Aunque igual de aburrido.

Es bonita y muy poco espectacular. Una planta trepadora que, gracias a unos zarcillos que surgen de las axilas de sus hojas y se desenroscan, se adhiere a otras plantas, árboles o rocas, para alcanzar mayor altura y captar más horas de sol. Como es una planta de constitución débil, ha desarrollado este mecanismo, para elevarse, hasta dos o tres metros, aprovechándose de lo que tiene más a mano. Creo que les suena.

Bryonia dioica 2

Pero leer sus posibles usos médicos -como pasa con los prospectos, incluso de los más inanes medicamentos- da un poco de miedo. Dice la wiki: Su jugo aplicado externamente es rubefaciente y vesicante hasta producir ulceraciones. Por vía gástrica produce vómitos, cólico y diarrea con evacuación de sangre, aun a pequeñas dosis. A dosis mayores, inflama los riñones, produce vértigos y excitación nerviosa hasta producir la paralización del sistema nervioso central y la muerte. Con lo bonitas que son sus florecitas blancas…

Sigue la wiki: La raíz fresca y su jugo, en uso tópico, producen un potente efecto rubefaciente, pudiendo provocar ulceraciones cutáneas y necrosis. Toda la planta es tóxica. Su ingestión (6-8 frutos) causa irritación gastrointestinal, con vómitos, diarreas coleriformes, hemorragias intestinales; nefritis. En dosis altas puede producir la muerte por colapso cardio-respiratorio.

Al ser una cucurbitácea, su raíz es bastante generosa. Uno de los nombres que recibe esta planta debido a la forma -y el tamaño- de su raíz, es el de nabo del diablo.

Porque esto de los nombres es otra historia. Además del más neutro de enredadera silvestre, es conocida como nueza, y, también, por el más gráfico que he utilizado en el párrafo de arriba. Pero no acaba aquí la cosa, solo en la wiki incluyen -iba a transcribirlos todos, pero para qué- hasta ciento setenta (170) distintos. Y seguro que faltan algunos.

(Es una cifra aproximada. No los he contado uno por uno. He contado los que vienen en una línea y el resultado lo he multiplicado por el número de líneas. Mi aburrimiento, y sus comportamientos extraños, no llegan a ese extremo)

Pensé que, con tanta planta, tanta flor y tanta botánica, se me iba a pasar el aburrimiento. Y lo que he hecho -me temo- es, después de hacer leer todo esto, contagiarlo.

Coincidencia

marzo

Las hojas, las flores, se empiezan a abrir ya del todo. Han sentido la tibieza del sol, algo de calor, más luz y los días más largos. Se han marchado los hielos de la noche. El impulso de la savia es ahora mayor, recorre la planta, el árbol, de arriba a abajo, con fluidez.

Es fantástico ser savia estos días.

Pero a las plantas, a los árboles, no les interesa la primavera. Las hojas, las flores, se abren, crecen, porque sienten el calor del sol, porque hay más luz durante más horas. Ya no hay fríos que las quemen. Luz, calor, algo de agua….  Con esto les es suficiente.

El que esté a punto de llegar la primavera es una simple coincidencia.

No es tiempo de flores (2)

Drimmia maritima

En estos último días de agosto, por aquí, en el territorio, el campo está seco, arrasado, casi calcinado por el sol y el calor. Por eso sorprende ver esta planta tan erguida y tan solitaria.

Pero es ahora cuando se empeña en florecer. Es ahora su tiempo, a destiempo de todo.

No me ha sido fácil identificarla -y ¿para qué?- aunque al final creo que he dado con ella, con su nombre científico. Luego he comprobado en la wiki que, solo en nuestro país, tiene unos cincuenta y ocho nombres diferentes. Y así, claro, es difícil. Pero creo que, al final, con el latín -como los curas- nos podemos entender.

Pero tampoco. Resulta que puede recibir dos nombres científicos – Urginea maritima o Drimmia maritima-, aunque vamos a llamarla, para entendernos y no seguir liándola más, con su nombre más común, el de cebolla albarrana.

Acabáramos. Cebolla y albarrana. En fin.

Ese brote espigado, que puede superar un metro de altura, solitario y pertinaz, no es más que una cebolla. Una planta cuyo bulbo se encuentra muy cerca de la superficie, y cuyo tallo, de color violáceo -parece un cable-, continúa en unas inflorescencias -especies de cápsulas esféricas, oscuras y algo tristes- en las que se agrupan las numerosas y pequeñas flores que después florecen sin mucho boato. La planta es elegante y sobria, como si no necesitara ser llamativa.

Drimmia maritima2

Crece en dehesas, matorrales, tomillares, pastizales, herbazales, eriales y hasta en arenales. Florece al final del verano, en los últimos días de agosto, sin importarle que haya llovido o no: se nutre de las reservas y del agua que tiene almacenadas en el bulbo.

Vive en su propio mundo y mira al nuestro con asombro. Tal vez por eso es, también, bastante venenosa.

Su nombre genérico de drimia proviene del griego, y significa áspero, agrio, amargo, debido al sabor tan agraz de su bulbo enterrado. Mientras, el epíteto de su nombre más común –albarrana– proviene en este caso del árabe barrania o albarrani, nombre que recibían las torres exteriores y extramuros –torre albarrana– de las fortalezas o alcazabas. Significa algo así como fuera de casa o forastera, y alude, probablemente, al carácter erguido y, a la vez, solitario de la planta.

Ahí la vemos ahora en los campos, apenas una línea que se levanta del suelo cuando no hay nada alrededor, cuando no puede haber nada.

Entonces, florece.

Drimmia maritima3