Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘literatura siglo XVII’

Los poetas

Los poetas son hombres despeñados; toda su tienda es de imposibles.

Lope de Vega, La Dorotea, acción en prosa, 1632

Read Full Post »

Sancho al final

segunda_parte_del_ingenioso_caballero_don_quijote_de_la_mancha

De la misma manera que Alonso Quijano, en el lecho de muerte, se arrepentía de todas sus locuras, de haber confundido la realidad con la ficción, de haber hecho el ridículo y ser el hazmerreir de todos, de haber creído que los sueños pueden llevarse a la realidad, de haber confiado en el ser humano, de haber dado la espalda -y tantos disgustos- a su familia y amigos; Sancho, por el contrario, con lágrimas en los ojos, se arrepentía de haber vivido siempre tan apegado a la realidad, de ser tan sensato, de haber estado constantemente reprendiendo a su señor, intentándole quitar la venda de los ojos, haciéndole ver que no eran más que locuras y extravíos aquello que emprendía, de haber desconfiado del ser humano, de haber vivido feliz con tan pocas cosas, una hogaza de pan y un trozo de queso, y conminaba a su señor, en cuanto se recuperara, a volver a cabalgar por esos mundos de dios en busca de nuevas y memorables aventuras, aunque ello implicara hacer el ridículo y ser el hazmerreir de todos, a volver a vivir confundiendo la ficción con la realidad, a creer, con una fe ciega, que los sueños pueden cumplirse, en cuanto se recupere nos vamos de nuevo por esos caminos, pero no se muera, mi señor.

Read Full Post »

molinos

Los molinos de viento continúan moviendo sus enormes aspas. Parecen gigantes que nos advierten y amenazan, que nos impiden que sigamos adelante. Pero no nos queda más remedio que hacerles frente, de la manera que dios nos dé a entender, con nuestras escasas armas, aun sabiendo que acabaremos maltrechos e inevitablemente derrotados. No hay forma de vencerlos porque ni siquiera son gigantes.

Moles inexpugnables a las que apenas podemos acceder, y que, cuando lo conseguimos, nos elevan -enganchados a una de sus aspas- para luego dejarnos caer desde lo más alto sobre la tierra dura y reseca. Después de desbaratar los múltiples intentos, continúan impasibles moviendo, con una cadencia lenta, segura y poderosa, sus aspas.

Cuando Sancho intentaba explicarle, de buena manera y razonablemente, a don Quijote, tendido cual largo era en el santo suelo y convenientemente malherido después de haberse visto elevado por una de esas aviesas aspas hasta lo más alto del cielo manchego para verse después dejado caer y estampado a los mismos pies de tan imponente ingenio, que contra lo que había arremetido no era un pérfido gigante, sino un simple molino de viento para moler el grano, y que los hercúleos brazos que acabaron por tirarle al suelo no eran más que las cruzadas aspas de un molino, el malhadado hidalgo no pudo más que mirarle con pena. Pero no por él, sino por su bienintencionado escudero, que nunca entendería nada.

Read Full Post »

01_don_quijote

I

Soñaba con ser un gran poeta pero a lo que único que llegó es a ser un poeta algo peor que malo, un poeta, como dicen los eruditos, estimable, esto es, mediocre. También lo intentó, con mayor ahínco, en el teatro, aunque en su tiempo la competencia de talentos era feroz y nadie podía aspirar siquiera a compararse con el genio y la prodigalidad de quien dominaba, de manera abrumadora, la escena, un tal Lope. Así que terminó intentándolo en el más prosaico terreno de la prosa.

Probó diversos géneros con una pulcritud y un oficio admirables, transitando primero las bucólicas y soporíferas tramas de la novela pastoril con La Galatea, y atreviéndose finalmente con las peripecias inverosímiles de la novela bizantina. Aquí puso todo su talento, ésta había de ser su definitiva obra maestra. Con ese ánimo escribió para la posteridad Los Trabajos de Persiles y Segismunda, que, sin embargo, fue muy pronto destinada al olvido, de la que solo la rescatan de tarde en tarde desde algún departamento universitario de literatura. Pero Cervantes pensaba que era su obra más acabada y perfecta.

Mientras tanto escribió unas magníficas y pequeñas novelitas –ejemplares– que pertenecían a un género menor. De entre ellas es muy probable que saliera Don Quijote. Tal vez ideada como una pequeña novela de entretenimiento, enseguida, sin saber muy bien por qué, se le fue de las manos. Aunque esta de írsele de las manos no me parece una expresión acertada. Simplemente creció y creció hasta convertirse en la mejor novela -que al final fueron dos- jamás escrita.

II

Por eso, la primera frase del Persiles -“Voces daba el bárbaro Corsicurvo…”- es tan campanuda y sonora que incluso, si lo mides, no es más que un verso, un endecasílabo perfecto para un noble y elevado soneto. Una novela que comienza así, la puedes disfrutar a ratos, aunque muy pronto se hace insoportable.

Y por eso, también, la primera frase del Quijote -“En un lugar de La Mancha…”- no es más que un humilde octosílabo, como tantos otros que conforman los romances que la gente aún puede escuchar entretenida y sin complicaciones. Pretendía Cervantes contar una historia y, en absoluto, escribir una obra maestra.

III

Alonso Quijano-Quijote. Con ese sufijo despectivo que pretende ridiculizarle. Como el de Pierre-Pierrot. O el de Charles-Charlot. O, como en la obra de Beckett, God-Godot.

IV

Magullado, tirado por el suelo, ridiculizado una vez más, después de haberse enfrentado él sólo, don Quijote de La Mancha, contra los gigantes, ve venir acercarse a Sancho para ayudarle a que se levante y comprobar si está o no malherido, y le escucha cómo le reconviene, aunque se diría incluso que con dulzura: “Pero ¿no ve, mi señor, que son molinos?”.

Y Alonso Quijano, el bueno, los mira y comprueba que es cierto, son ahora molinos, simples molinos. Pero achaca la extraordinaria mudanza a malvados encantadores que los han transformado en el último instante por arte de mala magia, y que han querido así dejarle en evidencia para mofa de todos, y robarle la gloria.

Entonces dice don Quijote -y aquí está resumido todo el libro-: “Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.

Read Full Post »

Lo breve

Baltasar Gracián

Jesuita y maño, Baltasar Gracián no era capaz de escribir por extenso. Su lenguaje es siempre cerebral y concluyente. Cada palabra se carga de significado y puede referirse, en una pirueta de la sintaxis, a distintas palabras de la misma -y cortísima- frase. Exige su lectura un constante esfuerzo de concentración. Agota y desespera mucho más que si hubiera escrito por extenso, avanzando dando vueltas con largas perífrasis. Gracián no da vueltas, y si las da, da solo una.

Tanta brevedad tiene la economía de un disparo.

Tanta densidad, aglutinación y polisemia resulta bastante incómoda y algo desagradable. Tanta elipsis acaba poniendo de los nervios. Se establece una red de asociaciones semánticas en la que el lector se llega a sentir como un insecto atrapado en una tela de araña.

Uno, a menudo, no sabe a qué atenerse, tiene que suponer esos elementos elididos, ya sean significados, ya sean los conectores lógicos de la frase. Y acaba agotado al cabo de una o dos páginas. Es constante el juego de la elusión. El cabrón de Gracián se divertiría un montón escribiendo.

Tanta concentración de significado en un mínimo de palabras nos deja siempre la sensación de que algo se nos ha escapado o hemos entendido otra cosa que la que realmente quiere decir. Si quieres ser oscuro, se sintético. Cada frase se convierte en un acertijo. Los mecanismos de la retórica barroca funcionan aquí a pleno rendimiento.

Uno cree que es más fácil perderse en las frases largas, llenas de subordinadas y periodos complejos. Pero no. La prosa de Gracián no las utiliza y su lectura es especialmente ardua. Llevas leídas dos palabras y ya te has perdido. Tienes que deducir tú el sentido para poner ordenar la sintaxis.

el_heroe_gracian

Como era un moralista, toda su obra no es más que un manual que recoge las habilidades, virtudes y recursos que ha de tener el hombre para ser un hombre recto y no caer en el engaño, el interés y la malicia. Por eso su primer libro -más bien un librito de escasas páginas- se titula El Héroe, en el que establece las prendas más relevantes que conforman al héroe, esto es, al hombre virtuoso.

De forma irresponsable, con unas temperaturas propias del interior de una tintorería, he estado estos días de fuego y plomo -eso sí, a traguitos muy cortos-, leyendo esta obrita que se publicó en 1637. A otros les da por morder esquinas.

He apuntado aquí algunas de las ideas y frases más sencillas e inteligibles, dadas estas temperaturas.

Habla de la fortuna y dice:

Ésta es aquella reina tan soberana, inescrutable, inexorable, risueña, con unos esquiva, con otros, ya madre, ya madrastra, no por pasión, sí por la arcanidad de inaccesibles juicios.

Y añade:

Estiman algunos más una onza de ventura que arrobas de sabiduría…

Y avisa que…

Prosperidad muy apriesa, atropellándose unas a otras las felicidades, siempre fue sospechosa; porque suele la fortuna cercenar del tiempo lo que acumula del favor.

También acusa al hombre de justificarse constantemente:

¡Oh, si hubiera espejos de entendimiento, como los hay de rostro! Él lo ha de ser de sí mismo y falsifícase fácilmente. Todo juez de sí mismo halla luego textos de escapatoria y sobornos de pasión.

Y como sigue apretando inmisericorde el calor, acabo ya con esta frase:

¿Qué importa que el entendimiento se adelante, si el corazón se queda?

Read Full Post »

Descuido grande

francisco_cascales

De la misma manera que hoy se rechaza cualquier tipo de autoridad o de normas a la hora de escribir, fiándolo todo a la libertad absoluta de creación y al talento propio -aunque brille por su ausencia, ocultada esta carencia por toneladas de pedantería y egolatría-, hace un tiempo, el que osaba escribir, debía encomendarse -obligatoriamente- a una estricta y rancia preceptiva.

Ya en los siglos XVI y XVII abundaban un tipo de obras que estipulaban y proponían todo un corsé de reglas, normas y preceptos para la escritura. No planteaban ningún problema. No había más que seguirlas. Ni el desconocimiento ni la rebeldía eran excusas para saltárselas. Además, a nadie se le ocurría hacerlo.

He estado leyendo -un poco a saltos, dada su extrema aridez- las Tablas Poéticas (1617) de Francisco Cascales, humanista y erudito de nuestro Siglo de Oro. Murciano, fue catedrático de Gramática, de Latinidad y de Retórica y dio clases en el Seminario Mayor de la capital huertana. Fue, además, cronista de la ciudad. Si hubiera nacido en nuestro tiempo, sería suscriptor del ABC.

Además de preceptista, hizo sus incursiones -sin mucho brillo- en la poesía y el teatro, escribió también crónicas históricas, tradujo a Horacio y, afortunadamente, dejo inconclusa una Epopeya del Cid.

tablas_poeticas

(Continúo, no sin esfuerzo, escribiendo esto para los escasísimos lectores que hayan podido llegar hasta aquí. No les reprocho nada a los que, después de leer las primeras líneas, hayan salido por piernas).

Para el licenciado Cascales, tal vez debido a su falta de talento, unida a su abrumadora capacidad erudita -o simplemente por carácter-, la tradición y la autoridad representada por los autores clásicos eran los únicos faros que podían guiar al que se atreviera a navegar en las procelosas aguas de la escritura. Tenía una absoluta -y ridícula- fe en los preceptos.

Dice en el prólogo de las Tablas:

Oigo a algunos, demasiadamente confiados en su natural ingenio, dezir: que como se puede nadar sin corcho, se puede también escribir sin leyes. Brava presumpción y vana confiança, y indigna de ser admitida.

Permanente irritado por el descuido grande’ de las reglas y preceptos que mostraban tanto los jóvenes poetas, como los dramaturgos -en este caso no solo los jóvenes, sino también los viejos-, y obcecado en combatir las tendencias más novedosas -siempre espantosas y, además, venidas siempre del extranjero-, transfigurado en un ceñudo Moisés, ofrece sus Tablas para salvar, si no al mundo, sí, al menos, al arte, que empezaba a naufragar en un mar de confusión. Y al que cualquiera se tiraba sin corcho.

francisco_cascales3

Advierte, más allá de reglas retóricas, a los incautos que se aventuran por primera vez en esto de la poesía:

Guárdeos Dios de hazer un verso, que hecho uno, os podréis aparejar para cien mil. No e visto facultad más atractiva y menos provechosa.

También nos habla acerca del oficio de poeta:

…el poeta, unas vezes lo finge todo, y otras, saca la actión principal de la historia, y los episodios los pone de su casa.

A lo que añade:

El poeta no es narrador, sino imitador. Y para hazer verdaderamente su officio, a cada passo se desnuda de su persona y se transfigura en otras muchas…

Describe, un tanto genéricamente, cómo debe ser un soneto y, por extensión, la poesía:

Dulce es aquel soneto donde el poeta levanta los afectos y las pasiones del ánimo, alegría, tristeza, miedo, esperança, amor, odio, imbidia y los demás; que la poesía sin algo de esto va muy floxa y desalmada.

Tal vez, al cabo de los siglos, así siga, en estos tiempos, la poesía, acaso sea debido al ‘descuido grande’ de los preceptos, no sé, pero lo que es cierto es que parece algo floja y sin alma.

Termino ya, con el mismo asombro -o extrañeza- que muestra uno de los interlocutores de su largo y soporífero diálogo:

No puedo dexar de enarcar las cejas, oyendo lo que dezís.

Read Full Post »

Chusma de gozques

lope_de_vega

Nunca ponderaremos lo suficiente a Lope.

Lamentablemente, más que un escritor -más que un poeta, más que un autor teatral- está considerado -algo tan desagradable- como un icono, una figura indiscutible de la literatura española, conveniente subida a un pedestal y con una corona de laurel, un simple nombre. Pero poco más. Queda su obra para las torturas escolares y los teatros subvencionados por los sucesivos Ministerios -así llamados- de Cultura.

Pobre Lope, con lo que se divirtió viviendo, con lo que disfrutó escribiendo.

Su vida fue un carrusel de peripecias, siempre intensas y demasiado reales, que subían y bajaban, y daban vueltas impulsadas por su propio empuje imparable. Leer algo de su biografía provoca un placentero vértigo. Y, lo que es mejor para nosotros, Lope siempre reacciona, ante cualquier suceso vivido, con la pluma en mano, poetizando lo que le ocurre, reflejándolo en lo que, sin descanso, escribe.

Llega a decir en La Dorotea: Amar y hacer versos todo es uno. Y en un soneto de respuesta a un grave escritor coetáneo que le aconsejaba que no escribiera tanto, pregunta: ¿Qué no escriba decís, o que no viva?

Así, su escritura, como es una catarata imparable de versos, de tramas, de episodios, de testimonios, resulta inabarcable y casi inatrapable. Pero, a pesar de los siglos de distancia, aún se mantiene con una frescura envidiable, inmarchitable.

rimas_tome_burguillos

Estos días de atrás he estado leyendo, de manera más entrecortada de lo que hubiera querido, unos de sus libros de versos que escribió ya en su vejez. Se trata de las Rimas Humanas y Divinas de Tomé de Burguillos, publicadas en Madrid en el año 1634.

Con más de setenta años, y su amada Marta de Nevares -ay, Amarilis-, con la que compartió este tramo final de su vida, ciega y con la cabeza ida, sigue empeñado Lope en la escritura. Una escritura aún más burlesca y divertida.

Y si, siglos después, Pessoa crea un mundo propio y múltiple con la ayuda de diversos heterónimos, Lope de Vega ya lo hizo antes.

Lo que escribe ahora -y no, no se trata de un simple seudónimo-, no lo escribe él; el autor de estas Rimas finales es un tal Tomé de Burguillos, al que conoció el mismo Lope -así, al menos, lo cuenta él, Lope, digo- en Salamanca, condiscípulo suyo, que parecía filósofo antiguo en el desprecio de las cosas que el mundo estima, el cual se recataba de que le viesen, más por el deslucimiento de su vestido que por los defectos de su persona. Tal vez, por eso, no le hayáis llegado a conocer en persona.

La dama de sus pensamientos, por no hacerla pastora, la hizo lavandera. Juana, para más señas, lavandera del Manzanares. Lope -perdón, Tomé-, de paso, aprovecha la situación para poner en ridículo todos los tópicos de la poesía amorosa de su tiempo mientras pasea a la orilla del -así llamado- río. El realismo aquí es paródico siempre.

Incluye además en el libro algunos otros poemas en seso, más serios, y otros, divinos, o sea, religiosos, ya sin posibilidad de broma. Y como extraordinario inserto, un extenso poema paródico y burlesco, en el que imita, a modo de chanza culta, los poemas épicos de la época: La Gatomaquia.

Es difícil rescatar algo cuando los versos se suceden a toda velocidad. Pero dejo aquí algunos.

En un soneto, cansado de la dilación a la que somete su amor Juana, exclama:

Juntos Amor y yo buscando vamos,
esta mañana. ¡Oh dulces desvaríos!
Siempre mañana y nunca mañanamos.

Otro soneto, algo más en serio, nos explica que la que viene primera no es la mayor desdicha.

…y mis desdichas son como cerezas,
que voy por una, y de una en otra asidas,
vuelvo con todo un plato de tristezas.

En otro impecable soneto nos dice lo que han de hacer los grandes ingenios cuando murmuran de ellos. El protagonista es Un lebrel irlandés de hermoso talle, que cuando tranquilamente paseaba por una calle…

Salió confuso ejército a ladralle,
chusma de gozques, negra, roja y blanca,
como de aldea furibunda arranca
para seguir al lobo en monte o valle.

Entonces…

…este hidalgo lebrel, sin hacer caso,
alzó la pierna, remojó la esquina,
y por medio se fue su paso a paso.

Read Full Post »

Older Posts »