Los huecos

Los huecos no caben ya en ningún sitio.
Van de un año a otro como si el espacio
nada tuviera que ver con el tiempo.
Entonces la vida respiraba
ajena a la vida y la muerte
se entretenía tejiendo un jersey.
Ahora la vida teje y la muerte
respira con los ojos muy abiertos.

Pero es ahora cuando los huecos
han vuelto y se abren,
aunque su tiempo era otro.
Todo se perdió entonces
y ahora regresan
con un gesto de cansancio
y unas agujas de tejer.

No, no se arrepiente el tiempo.
Nos arrepentimos nosotros
mientras fabricamos nuestra derrota.
Nuestra alma está llena de huecos
que no caben en ningún sitio.
Es sábado y debemos olas de dolor.

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Esto ahora

Sobrevivimos sin más a los días
que nos enseñan que el tiempo
es el destino,
que la noche está condenada
a amanecer, y que, por eso,
nos asomamos a las ventanas,
ventrículos que abre
la oscuridad cardíaca
para que entre
su perfume y su arritmia,
intentando huir de los recintos.
Los árboles, de noche, recapacitan,
hasta que el amanecer huye
y el día los calcina.
En un intercambio de golpes
duelen más las caricias.

Aquellos tiempos y esto ahora.
Esto ahora.

Como si los días de la infancia
estuvieran aún por venir,
es ahora cuando el futuro
empieza a formar parte del pasado
y el caos, por fin,
nos descubre su secreta armonía.

Todo es frágil hasta que se rompe.

Miramos un reflejo

Amanece sobre los escombros
y aún no hemos aprendido
que la espera nada tiene que ver
con la esperanza, que el lastre
éramos nosotros y que derrumbarse
no es más que es otra manera de seguir.

No eran estrellas las que brillaban
en el cielo anoche: eran astillas.
No hemos aprendido aún que la cercanía
nada tiene que ver con las distancias,
ni la fragilidad con la resistencia,
que la permanencia también es efímera
y que todo se desmoronó ya desde el inicio.

Nos estrellamos contra la luz siempre,
dentro de lo que debe ser un espejismo:
la vida, el mundo o algo parecido,
mientras el día traza su circunferencia
ajeno a nosotros que, atónitos,
sin verlo, miramos un reflejo.

Todo es fugaz menos las consecuencias.

Comparativa (33)

como la caligrafía de los huertos
como los días del verano de otro año cualquiera
como el viento de la noche bajo la luz de una farola
como las calles del pasado
como libros ardiendo bajo la lluvia
como una línea recta dibujando una curva
como una línea curva dibujando una recta
como un destornillador en la sien
como un molde roto
como Dios antes de crear el mundo
como un eco atrapado dentro de un espejo
como acariciar una montaña
como la respiración de las heridas
como el saco roto en donde caen todas las cosas

La vida y el sueño

La vida sigue mientras dormimos.
Incluso sigue cuando despertamos.

La vida se interrumpe mientras dormimos.
También sigue interrumpida cuando despertamos.

La vida duerme cuando dormimos.
Incluso duerme cuando despertamos.

La vida sueña cuando dormimos.
Y duerme sin sueños cuando despertamos.

La vida no duerme cuando dormimos.
Tampoco sueña cuando soñamos.

La vida sigue mientras soñamos.
Y no se interrumpe nunca, ni duerme, ni sueña.

Herida

Respira la herida que sueña
con ser una hermosa cicatriz,
pero es el tiempo quien convierte
la realidad en una condena.

Siento el futuro ahora ya
como un pasado imposible
y cada ceremonia que fingimos
solo intenta borrar lo real.

Persiste la herida en nacer
otra vez, aunque ya sin sangre.
Una marca incisa en la piel
da una idea inexacta del amor.

La herida ya no respira,
tampoco sueña, ni sangra.
Un amanecer impávido
se derrumba sobre nosotros.

Cicatrices y ceremonias marcan
la ruta del día: su debacle.
Indelebles y falsas, ocultan
la idea más exacta del amor.

El tiempo tiene ahora la forma
de un interminable costurón.
Expira la herida que duerme
y cada cicatriz cobrará su deuda.

Algo/Todo/Nada

Algo es parte de todo,
pero ese todo,
es también parte de nada.

Nada es parte de todo,
pero ese todo
es también parte de algo.

Todo es parte de algo,
pero ese algo
es también parte de nada.

Algo puede ser todo,
todo puede ser algo,
pero no la nada,

aunque sea parte de algo,
aunque sea parte de todo,
nunca la nada.