Todo giraba

Todo giraba.
Los sueños se confundieron con las pesadillas.
El mundo giraba alrededor y, ajenos,
preferimos hablar de cosas sin transcendencia,
entre silencios y miradas desviadas.
Siempre negábamos que necesitáramos ayuda.
El mundo giraba alrededor cada vez a más velocidad
dejando a su paso pequeños cataclismos imperceptibles.
El mundo giraba alrededor y, de pronto,
nos vimos impulsados a esa vorágine.
Éramos aves nocturnas durante un eclipse de sol.

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En los valles

El exilio es el reino.
Al otro lado de las montañas, nuevas montañas nos esperan.
Me dijiste algo al oído que no olvidaré jamás:
“Nadie es feliz aquí en los valles y escapar es una necesidad.
Uno solo puede quedarse para morir a plazos”.
El horizonte no puede ser un espejismo,
tus botas llenas de polvo lo persiguen.
Caminas con la altivez gastada de un rey en el exilio
y añoras ahora esa voz que un día te habló al oído,
la dulce cadencia de unas frases que no has olvidado.
Nuevas montañas te esperan azules y lejanas,
y contemplas en silencio el espejismo del horizonte.
Sabes que no podrás salir nunca de los valles.

Herrumbre

La herrumbre nos sonríe,
su metálica sonrisa tarda siglos en descomponerse.
Las cosas bajo tierra llevan una vida tan intensa
como las cosas que hay sobre ella.
Ni siquiera es un mundo simétrico,
es simplemente paralelo -y le basta-,
sobre el que crece un campo de trigo
tan azul como el mar. A veces
el fogonazo de un rayo lo ilumina todo
y la herrumbre tiembla,
y ese temblor dibuja una sonrisa
en lo más hondo de la tierra.
Después, la noche de octubre
queda en silencio. Huele a humedad.
Viajo entonces bajo tierra
en busca de una vida más intensa,
de una sonrisa.

Un soplo

Un soplo. Los años pasados.
Las tardes de antaño. El estruendo
producido por un roce o al apoyar
la frente sobre un hombro.
Un leve vestido manchado de barro
aún lo mueve el viento impreciso de la tarde.
La luz lo transparenta apenas. Y te alejas.
Esas nubes que en el cielo azul pasan
ajenas y veloces, ya no existen.
Llega amortiguado el ruido de la calle
mientras atardece triste e inevitablemente
y antes de encender la luz sabes
que serán los estorbos los únicos
que te harán compañía.
Hubiera preferido que los sueños
no se hubieran hecho realidad.
Cuando nos quisimos dar cuenta
ya nos daba igual. La hora
de la verdad también mintió.
La vida es absurda y además
vivimos tiempos abyectos,
pero esto nada tiene que ver con nosotros.
Son fantásticas esas nubes cruzando
tan rápidamente el cielo de la noche.
Los años pasados. El tiempo, ajeno a todo.
Y la sangre cumpliendo su oscura misión.

Espejismo

Pensaste que la vida
era un espejismo demasiado real,
un paréntesis de esquiva felicidad,
un oasis posible,
una posibilidad de naufragar.
Y, bueno, luego dejaste de pensar.
El espejismo se desvaneció
en cuanto la vida se convirtió
en algo demasiado real.
Pequeños pájaros marrones
bebían de los charcos
a última hora de la tarde
y el sol se ponía con desgana.
Eso era más o menos todo.
Nadando en un mar de azogue,
más sumergido que aéreo,
habitualmente subterráneo,
te sientes ahora como un ángel
que se hubiera atragantado con una pluma.
No te queda más remedio
que, a bordo de esta goleta,
vieja, agrietada e inestable,
escribir el cuaderno de bitácora.
También el océano, como la vida,
dibuja espejismos bajo el sol
e ignora cuál es el destino de cada ola.

Tempore

Recuerdo el futuro
como si ya hubiera pasado
y se hubiera ido.
Imagino el pasado
como si fuera a volver
a suceder de otra manera.
Imagino el futuro
como si no fuera a pasar-
-nos por encima.
Recuerdo el pasado
como si no hubiera sucedido
de esa misma manera.

Entonces sé
que el presente
apenas existe.

Comparativa (30)

como un continente a la deriva
como la tierra de nadie
como un faro en un lugar poco visible
como el diablo santiguándose
como una Cenicienta impuntual
como la sangre prestada de los mosquitos
como las alcayatas de los grandes museos
como la planta de los pies de los apóstoles
como bajar a la mina con un traje de lino blanco
como un alambique obturado
como una carta escrita a mano
como la luz en los ojos
como los niños subidos a una tapia
como el viento moviendo las cortinas de la habitación
como si dependiera de nosotros